El impuesto del patrimonio, ó cómo sucumbir en este caos de crisis y globalización.

Vivimos un escenario de integración económica en el que intercambiamos productos y servicios con gran facilidad. Las tecnologías y los modernos procedimientos logísticos han conseguido integrar el mundo económico en un periodo de tiempo muy breve, quizá demasiado para reaccionar adecuadamente en otros aspectos importantes. Los movimientos de capital son, en paralelo con este proceso, mucho más sencillos y eficientes. No hay rico hoy en día que no disponga de un correcto asesoramiento para dar la mejor solución fiscal y de rentabilidad a su dinero, bien sea a través de productos indirectos, del tipo sicav, nacionales o internacionales, o a través de paraísos fiscales.

Los países que acceden al mercado global, que son todos, siguen gobernados de forma independiente, sin instituciones internacionales que organicen de forma eficiente este complejo y sufrido proceso integrador. Ni siquiera en Europa existe una convergencia para ello. La extrema incompetencia de los organismos internacionales podrá ser recordada en el futuro como aquel gran error del siglo XXI en la historia de la humanidad, al no haber sido capaz de acompañar la integración económica con una integración jurídica y política a nivel mundial.

Cada país dispone de un diferente perfil de cultura empresarial, especialización sectorial, competitividad y modelos diferenciados de producción y productividad. En lo referido a competitividad, muchos de ellos acceden a ella a través de salarios bajos y regulaciones impropias, con base a principios poco éticos en donde los derechos humanos brillan por su ausencia. Pero es lo que hay… una jungla beligerante donde sólo sobrevivirán los competitivos. Bueno, inicialmente los competitivos, pero con el tiempo serán sólo los productivos.

El capital seguirá siendo necesario para producir y para competir, y mucho más en aquellos países con bajos niveles de empleo, pues tanto el capital como la iniciativa empresarial son la mejor fórmula para luchar contra el desempleo y para preparar un país sobre este salvaje escenario.

El impuesto del patrimonio es un concepto retrógrado que pretende castigar en efecto geométrico la actividad económica, esa que genera buenos beneficios pero a base de sacrificio y también riesgo económico del inversor o empresario, pero que es la mejor arma para luchar contra el desempleo. El castigo puede significar un cambio de comportamiento en aquellos que, a pesar de la crisis, todavía siguen arriesgando su patrimonio para mantener la poca actividad económica que nos queda… y que por deficiente que ésta sea, siempre será mejor que una estructura sovietizada improductiva mantenida por una presión fiscal cada vez más obtusa y asfixiante.

En todo caso, el problema se agrava por el entorno global en que vivimos. El dinero se irá a paraísos fiscales, a países en donde no se castigue tanto la actividad económica, es decir, a países donde la recaudación fiscal no sea tan agobiante y por tanto sea más difícil encontrar una sociedad tan marcada por organizaciones inoperantes, como las que se dan en nuestro país en educación, sanidad, esas empresas irrelevantes y servicios públicos de las comunidades autónomas y sus nefastos resultados:  todo ese aparato despilfarrador que ya ha demostrado incapacidad para ofrecer correctos servicios a los ciudadanos y preparar el país para el especial momento en que nos encontramos. Y ahora, que ya sabemos que hemos sido desplazados para competir en este mundo global, todavía hemos de sufrir los horrores de un gobierno que cada vez vive más lejos de la realidad internacional. Es una humilde opinión de alguien que no tiene que pagar impuesto de patrimonio.

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2 comentarios en “El impuesto del patrimonio, ó cómo sucumbir en este caos de crisis y globalización.”

  1. josepascualniguezponce Says:

    Alberto, muy buena la reflexión, yo te dejaría dos comentarios:

    1) Globalización SI, pero tenemos que volver a replantearnos el concepto de proteccionismo, ya que después de algunos años de globalización evidente, las ventajas competitivas de algunos países, no son ventajas competitivas, es competencia desleal.
    2) El impuesto de patrimonio, es otro conejo de la chistera, improvisado por el gobierno para parecer que están haciendo algo, ante la falta de ideas. Lo inapropiado de este impuesto no es otra cosa que la injusticia de castigar aquel que ahorra, en contra del que gasta. Las medidas no tendría que ir a castigar la posesión del ahorro, tendría que conseguir motivar e incentivar la inversión del mismo.

  2. molusco Says:

    Gracias José Pascual. Esa competencia desleal que comentas en realidad es algo complejo, pues por una parte está bien que los países tercermundistas o emergentes tengan su oportunidad, ya que aunque sus salarios sean indignos, pero lo cierto es que significa una mejora para ellos y en todo caso son muy superiores a lo que estaban acostumbrados, todo depende de los ojos desde los que se mire.

    En todo caso, cuando mencionaba el fracaso de los organismos internacionales y el gran retraso de lo político y jurídico con respecto a lo económico a nivel internacional, me refería a eso mismo que tu has denominado “nuevo concepto de proteccionismo”, que me ha encantado.


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