Hollande y su plan de crecimiento para Europa.

Es una propuesta alentadora, pero incompleta. El empeño del nuevo presidente francés en dar impulso al crecimiento, en contraposición con el aburrido plan y monólogo de Merkel por la austeridad va unido a la aparición de este nuevo interlocutor de Europa para con Obama y Estados Unidos, que siempre viene bien. Todo ello suena a cosa alentadora.

Hollande, además, anuncia en simultáneo una reducción del 30 % en salarios del gobierno, con lo que incorpora una interesante contradicción orientada a dar una oportunidad para la racionalización del gasto público.

Reducir salarios no me parece un buen fundamento para reducir el gasto público, si se pretende trasladar el gesto a todo el aparato público. Este momento está necesitado de competitividad vía productividad, que no competitividad vía reducción de salarios. El siglo XXI es un escenario salvaje en el que la globalización del planeta exige competir para sobrevivir, pero con la reducción de salarios tienes riesgo de entrar en la espiral de empobrecimiento, y el sector público es un referente que extrapola. La pérdida de motivación que conlleva la reducción de salarios también es inherente al proceso.

Seguimos sin tener organismos internacionales eficientes. ni instituciones supranacionales correctamente coordinadas. Europa podría ser un referente para la integración pero ahora está más cerca de su exterminio, quizá por ir por la vía equivocada, la del aparato público, la de un estado del bienestar que requiere una moratoria, pues este mundo necesita de productividad, ahora más que nunca.

El objetivo de la anti-austeridad debo reconocer que me gusta, pero no para promover el sector público, que es improductivo. La orientación al crecimiento debería estar relacionada con el impulso de la innovación, y sobre todo, todavía más, con el sectorial, el de la especialización. Cada país debería explotar sus recursos naturales, así como los valores económicos asociados a su posición estratégica, a la naturaleza de sus gentes y las cualidades del buen hacer de cada colectivo. La globalización no va a permitir que todos los países desarrollen en paralelo todos los sectores económicos, porque éstos son más o menos viables en función del lugar y sus gentes. Ninguna de éstas componentes están presentes en el discurso de Hollande.

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